jump to navigation

Inside Out 19 enero 2010

Posted by laegocentricaylocuazesponjaimpertinente in Humedades.
Tags: ,
trackback

Pulsar el “play” antes de empezar a leer…

Sé que merece la pena bajar a pasear a nuestro perro porque muchas veces aprovechas el momento para darte una ducha en mi ausencia. Me encanta volver a casa sigilosamente, sin que me escuches, e ir a espiarte al baño mientras terminas.

Siempre me apasionó observarte, a tus espaldas, apoyado en el marco de la puerta. Adoro la forma en que fabricas esos caóticos recogidos con tu pelo, atravesado por un lápiz. Deja al descubierto tu nuca, tu cuello, y es increíblemente excitante tratar de adivinar la línea que siguen tus hombros cuando se esconden por debajo de ese viejo albornoz. El resplandor de las pequeñas bombillas que iluminan el espejo te da un aire místico que me recuerda a la primera vez que estuve seguro de que eras una diosa para mi.

Sé que hace rato que te has dado cuenta de que te estoy mirando, pero me encanta cuando consigo hacer que te sobresaltes ligeramente al acercarme despacio y deslizar mi mano izquierda por la base de tu cabeza, rodeando tu cuello para hacer que se incline un poco hacia un lado y así poder besarte… despacio. En mis labios puedo notar como se te riza la piel y eso me invita a rodearte por la cintura con mi brazo derecho para apretarte fuerte contra mi.

Es un placer entretenerse en propinarte pequeños mordiscos en cuello y hombro, dejando asomar, de vez en cuando y muy levemente, la punta de mi lengua, ansiosa por recorrerte. Ver tu cara reflejada en el espejo, con los ojos cerrados, dejándote llevar, me hace querer dominarte y tengo que hacer un esfuerzo para controlar ese impulso, aunque rápidamente me doy por satisfecho por que sé que la espera tendrá su recompensa.

Sin demasiados aspavientos, consigo deshacer el nudo del cinturón que abrocha el albornoz, lo que facilita el acceso de mi mano derecha a tu cuerpo, desnudo, a esa piel tan suave… Primero dibujo tu vientre con mis dedos, que se entretienen en trazar un par de círculos alrededor de tu ombligo. Me gusta despertar la ansiedad en ti rozando muy sutilmente la zona púbica para después cambiar el rumbo de mi tacto y subir por tu torso, apenas rozando, como queriendo imitar el paso del viento por encima de ellos, la turgencia de tus pechos.

Enseguida me doy cuenta del despertar de tus pezones, que han reaccionado a mis caricias poniéndose en pie. Su amanecer hace saltar las alarmas también en mi y, en un acto solidario, me entrepierna reacciona con una erección que enseguida me encargo de hacerte sentir apretándome aún más contra tus nalgas.

Ahora son mis dos manos las que trazan cada una de tus curvas, de tus recovecos. Disfruto de cada poro de tu piel deslizándolas por tu cintura, tus caderas, y haciendo que se reencuentren a la altura de tu pubis. Consciente de mis intenciones, te dejas llevar aumentando poco a poco la distancia que separa tus tobillos. Mi mano derecha se desliza muy lentamente por tu ingle hasta llegar a esos pétalos de carne que dibujan tu vulva, regados por el rocío de la excitación. Me vuelve loco ese calor húmedo que desprende tu sexo.

Ya no puedo seguir sin tener contacto con esa mirada tan profunda tuya. Te hago girar sobre ti misma para poder tenerte de frente y poder contemplar ese espectáculo que es tu cuerpo, aún provisto, aunque de forma desastrosa, de ese albornoz tuyo. Con la mirada fija en la tuya, porque quiero que veas lo que hay dentro de mi, para ti, te sujeto firmemente contra mi y coloco tus piernas a mi alrededor; no podría imaginar un cinturón mejor. Aprovechando la inercia de este impetuoso movimiento, consigo sentarte con cuidado en el mueble que sostiene el lavabo y el espejo.

Aún no sé si me excita más tenerte desnuda frente a mi, abierta a mis deseos, o la complicidad y armonía que encuentro en tus ojos cuando nos miramos. Sea como fuere, mi boca pide paso a mis manos y, después de besarte desde lo más profundo de mi alma, decido darme un paseo por tu cuerpo. Beso con delicadeza tus clavículas mientras deslizo mis manos por debajo del albornoz para colocarlas a la altura de tu cintura. Me encanta posarme ahí, en el cruce de caminos de tus caderas mientras voy bajando lentamente con mis labios por tu pecho hasta que me encuentro con uno de tus pezones, cada vez más tensos y contra los que hago vibrar, a ratos la punta, a ratos con mi piercing, esta lengua que tanto disfruta reconociéndote centímetro a centímetro.

Aún sin haberme saciado de saborear tus pechos, de repente caigo en la cuenta de que aún me espera una fuente más dulce de la que beber. Aprovechando el camino hasta la cara interna de tus muslos, dejo que mis labios humedecidos y mi lengua se entretengan por el camino, percibiendo el sabor de tu vientre, tu ombligo… y finalmente tu pubis. Quiero aprovechar bien este momento, así que adopto una postura más cómoda arrodillándome en el suelo para dejar mi cabeza justo a la altura de tu sexo, que descubro como ese tesoro que nunca me cansaré de poseer, cuando colocas tus piernas sobre mis hombros, observándome desde las alturas de ese improvisado trono que nos hemos inventado.

Morder tus muslos es toda una experiencia, más cuando, acercándome cada vez más a ti, voy notando el calor que desprende tu cuerpo. Me entretengo un segundo en observar tu anatomía, regada por las mieles de la pasión y vuelvo a maravillarme de tan grandioso espectáculo. No hay nada en ti que no me guste.

Poso mis dedos sobre tus labios para facilitarme el acceso con la boca a tus rincones más ocultos. Me apasiona recorrer con la lengua cada uno de los pliegues que dibujan tu sexo y recoger con ella los aceites que segrega, como pretendiendo alimentarme de ellos bebiendo de ese manantial natural que es tu propia esencia. Después de investigar cada uno de tus rincones, me propongo provocarte un primer estallido lamiéndote de arriba a abajo, rozando tu clítoris, ahora excitado. Trazo algunos círculos, disfrutando entre mis labios de esa suave textura que tanto me gusta.

Me ayudo en el juego con uno de mis dedos, que desplazo lentamente hacia el centro de tu ser, insinuando mis intenciones introduciéndolo muy despacio, rozando todas y cada una de las terminaciones nerviosas que hay en la entrada. Una vez dentro, sin dejar de saborearte por fuera, trazo cada uno de los movimientos que sé que te harán dejar caer la cabeza hacia atrás para soltar ese gemido tuyo que me vuelve loco. Primero muevo el dedo de forma circular, sin forzar demasiado, asegurándome de que llego a todas y cada una de las oquedades que hay dentro de ti.

Noto que es el momento de ir un pequeño paso más allá, así que introduzco un segundo dedo para disponerlo, junto al otro, de una forma ligeramente curvada. Los movimientos circulares son ahora lineales, frotando la parte anterior de tu sexo al tiempo que intensifico los lamidos que mi lengua le propina a tu clítoris, intercalándolos con pequeñas succiones acompasadas con los movimientos de la mano; sin modificar el ritmo, así, despacio pero sin detenerme, noto como tu cuerpo se va poniendo en tensión hasta que, por fin, tu respiración va llegando a su ritmo más acelerado. Me encanta como me coges del pelo para apretarme contra ti, enterrado en tu entrepierna, mientras a duras penas dejas salir un “cómeme” al que sigue un alarido de placer que, sin que tú lo sepas, me hace sonreír de satisfacción.

Acompaño tu estallido tratando de acompasar mis movimientos que lo que tu cuerpo me pide. Poco a poco reduzco la intensidad de mis movimientos. Sigo el ritmo de tus impulsos hacia un estado más reposado mientras te propino leves besos, con la cara aún humedecida por tus efluvios, en la cadera, las ingles, los muslos, las rodillas…

Me incorporo lentamente para sujetar tu cabeza con mis dos manos mientras me sumerjo contigo en una danza de húmedos músculos que siguen los pasos de un apasionado y prolongado beso. Con él quiero hacerte saber que no hay ningún otro lugar en el que me guste estar más que a tu lado; que no hay otra persona con la que me gustaría más estar; quiero que veas lo que hay dentro de mi… y que es todo para ti.

Ilustración de www.bromart.com

Comentarios»

1. laurasotofoto - 20 enero 2010

uffff…recuerdos…

Muy bueno ;)


Deja un comentario

Fill in your details below or click an icon to log in:

Logo de WordPress.com

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Cambiar )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Cambiar )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Cambiar )

Connecting to %s

Seguir

Get every new post delivered to your Inbox.