jump to navigation

Hijo de Onán 18 abril 2010

Posted by laegocentricaylocuazesponjaimpertinente in Humedades.
Tags: , , , ,
trackback

Hoy ha sido un día duro. Llegar a casa y conseguir evadirme de tantas presiones se vuelve cada vez más difícil, peor aún sabiendo que tú estás en uno de tus viajes y no podremos encontrar ese descanso de guerreros mutuo en el que solemos recrearnos al caer el sol.

Conecto mi ordenador al equipo Hi-Fi y, buscando una lista de reproducción que me sirva para relajarme, decido poner la que con acierto denominé “Bed Time”. No sin cierta parsimonia, me dirijo a la cocina con los primeros compases de “Cherry Waves”, de los Deftones. Tomo un poco de aire y, al levantar la cabeza, me doy cuenta de que ayer traje un par de nuevas botellas de vino, dispuestas ahora en la parte superior del mueble de la cocina. Descorcho una de ellas y me sirvo media copa. Apoyado en la encimera mi mirada se cruza con la bañera, allí, al fondo del pasillo. Es el momento ideal para darse un baño relajante.

“Hagámoslo más relajante aún”, me digo. Busco, sin demasiada presteza, que no queremos subir las pulsaciones más de la cuenta, las varillas de incienso que compré la semana pasada: “Aromas del Nilo”, reza la etiqueta en inglés. Al lado del incienso y el quemador, hay unas cuantas velas de tamaño medio, perfectas para dar la iluminación adecuada a mi sesión de relajación.

Vaya, me he bebido el vino sin apenas darme cuenta… no me sentará mal otra copa.

Dejo el rioja en la cocina y me dirijo al baño, donde distribuyo estratégicamente las velas pero no las enciendo aún. Coloco el incienso sobre uno de los estantes y lo prendo con sutileza. Abro los grifos graduándolos hasta encontrar la temperatura ideal, ligeramente más caliente de lo normal para que no se enfríe demasiado pronto y poder prolongar un poco más el baño.

Mientras se llena la bañera, voy al dormitorio, pasando antes a recoger la copa de vino, que dejo ahora en la mesita de noche, y allí me despojo lentamente de mi ropa, frente al gran espejo que marca el umbral del armario empotrado. Cuando ya casi no me queda ropa que quitarme, como una flecha que atraviesa casi imperceptiblemente mis pensamientos, recuerdo la última vez que hicimos el amor mirándonos en este mismo espejo. Vaya… se me ha puesto dura recordando…

Totalmente desnudo, descalzo, erguido, levanto la copa de vino con mi mano derecha para llevármela a la boca mientras, con la izquierda, me acaricio muy suavemente la entrepierna, de regreso al baño.

El agua casi ha llegado a su nivel ideal y me siento en el borde para rociar algo de gel y soltar un par de pastillas espumosas. El frío de la bañera, que puedo sentir en la base de mis testículos, hace que mi erección disminuya un poco y ahora noto como mi pene, mi glande, roza penduleante contra mis muslos al levantarme para encender las velas y apagar el resto de luces de la casa.

De vuelta hacia el baño aprovecho para rellenar mi copa con más vino. Acerco a la bañera el pequeño taburete en el que me siento cuando me cortas el pelo y dejo allí el vino, al alcance de mi mano desde la bañera.

La temperatura es magnífica y el simple hecho de estar de pie dentro del agua cálida, espumosa, ya sirve para hacerme olvidar todo tipo de tensiones y dejarme listo para un estado aún más relajado. Poco a poco me adentro en el agua, primero en cuclillas, después totalmente en horizontal. Sólo se quedan fuera del agua mis piernas desde los gemelos hasta los pies y mis hombros y cabeza, la cual dejo recaer sobre el borde de la bañera, el opuesto a donde están los grifos y donde he dispuesto una pequeña toalla que me haga de almohada.

En el preciso instante en el que dejo caer a plomo todo el peso de mi cuerpo empieza a sonar “The blackest Lily” de Corinne Bailey Rae… ¡deliciosa! Dispongo mis brazos a lo largo del cuerpo, sumergidos, apoyados sobre torso y piernas. De repente recuerdo el vino. Al hacer el movimiento para levantar el brazo derecho en busca de la copa, sin querer, rozo con mi antebrazo izquierdo, muy sutilmente, el extremo de mi glande. Eso genera una nueva erección, automática. Es una lástima que no estés aquí… de cuerpo presente… aunque… sí que estás en mis recuerdos.

Pensar en ti, desnuda como has estado otras veces conmigo, en esta misma bañera, me hace dibujar una leve y pícara sonrisa que, al mismo tiempo, me hace darme cuenta de que mis labios están secos. No sin cierto esfuerzo, entre abro la boca para dejar asomar la punta de mi lengua, que se desliza de un lado a otro de mis labios precisamente al mismo ritmo que mi mano izquierda comienza a subir y bajar rozando mi polla. ¡Qué dura está!

Recuerdo ahora cuánto te gusta verme así y la fuerza con la que me la agarras cuando estamos juntos. Después de soltar el vino, introduzco la mano derecha en el agua, al tiempo que con la izquierda me sostengo la verga con fuerza… como tú lo haces.

Pienso en la última vez que lo hicimos en el agua, en aquel jacuzzi y, sin dejar de apretar, empiezo a subir y bajar con mi mano, intentando imitar los movimientos de tu cuerpo envolviéndome, lento, arriba y abajo, desplazando mi piel para dejar totalmente al descubierto mi prepucio, completamente excitado ahora.

Me dejo caer dentro del agua hasta que mis orejas quedan por debajo del nivel del agua. El sugerente sonido de ésta acompaña a mis movimientos. Lo asocio a lo húmeda que te pones cuando te excitas, cuando me tienes dentro. Por mi mente van pasando imágenes tuyas, con la cadencia perfecta, de tu gesto de placer cuando estás bailando encima de mi; del bamboleo de tus pechos, esos que tanto me gusta saborear; de tu clítoris rozándose contra mi pubis… De cómo me aprietas cuando estás a punto de correrte al tiempo que me aprieto yo aún más. Separo levemente el dedo índice para dejarlo siempre a la altura del borde del glande, sin parar de mover el resto de la mano.

El chapoteo del agua se hace cada vez más rápido, más intenso, pero el sonido que genera mi mano al chocar contra el líquido desaparece cuando en mi memoria renacen tus gemidos, esos que prosiguen a tus jadeos y que preceden al éxtasis.

Con la mano derecha busco ahora imitar tus caricias por el pubis, las ingles, los testículos, casi carentes de vello tras mi reciente rasuración. He encontrado la forma perfecta de aunar el ritmo de esas caricias con la firmeza con la que me agarro el miembro, el cual agito cada vez con más intensidad.

De mi boca se desprende un hálito que, como queriendo recuperar, dejo entrar y salir a marchas forzadas, de la misma forma que desearía estar ahora entrando y saliendo de tu vulva, propinándote fuertes empujones que te hicieran notar lo duro de mi polla,  a punto de reventar.

Consciente de lo que está a punto de suceder, me centro ahora en recordar tu cara en ese breve y preciso instante que antecede a esos orgasmos tuyos. Ese momento en el que frunces el ceño y separas tus labios para dejar salir esa sonora exclamación… Es justo entonces cuando noto como todo mi cuerpo se estremece, como mi polla termina de ponerse como una piedra y mis músculos se tensan, cuando junto los talones de mis pies para hacer aún más fuerza… cuando, en un último impulso, alcanzo el grado sumo de placer, que me sacude como una intensísima descarga eléctrica y que provoca un estallido de placer, paradójicamente concentrado en un pequeñísimo punto de mi cuerpo y que me hace soltar un alarido de placer al tiempo que eyaculo con fuerza sobre mi abdomen, cubierto a partes iguales de agua, espuma y semen…

Estoy exhausto, derrotado… relajado. Mi mano aún sujeta, aunque ahora sólo de forma testimonial, mi pene, el cual noto que va disminuyendo poco a poco de tamaño. En estos momentos no puedo pensar en nada en concreto; solo me dejo llevar, me dejo sentir. Me gusta percibir cada una de las partes de mi cuerpo y notar cómo se distienden y se van relajando.

Poco a poco voy recuperando la percepción de lo que ocurre a mi alrededor y caigo en la cuenta de que está sonando “Be my druidess” de los Type O Negative en el equipo de música, justo la parte en la que el cantante repite la frase “I’ll do anything to make you cum”. Eso me hace volver a mi realidad, a lo que te echo de menos justo en este momento y, ahora que estoy relajado, pone fin al baño.

Al tiempo que me incorporo tiro del tapón de la bañera para dejar ir el agua. Ya totalmente de pie, termino de desenjabonarme con la ducha, haciendo fluir por mi cuerpo, hasta que desaparecen por el desagüe, los restos de espuma… y lo que no es espuma.

Las últimas friegas para limpiar mi cuerpo provocan un nuevo roce con mi entrepierna, la cual noto que parece revivir… Se ve que no soy el único que te echa de menos.

Comentarios»

1. Mismamente yo - 27 abril 2010

Se ve que te gustó esto de los relatos eroticos…
Bueno, se te da bien ;)

2. laurasotofoto - 29 abril 2010

Se te echaba de menos…

3. laurasotofoto - 12 julio 2010

Nos abandona,esponjita :(

4. laegocentricaylocuazesponjaimpertinente - 13 julio 2010

Hmmm, la esponja está absorbiendo bastante porquería últimamente, prefiero no escribir porque lo que iba a salir sería bastante feo…

Agradezco que me sigas visitando de vez en cuando, Campanilla.

5. Miss Conspiracy & The Rebel Girl - 7 septiembre 2010

Mmmm… El anuncio de grifería…
Es sexy sexy.

El Rioja nunca se deja en la cocina, Sr. Esponja, el Rioja se lleva a la bañera. No me extraña que vaya usted absorbiendo por ahi cosas que no debe… ¡No sabe beber!

Esperamos que nos mantenga informadas sobre sus progresos en ese campo.


Deja un comentario

Fill in your details below or click an icon to log in:

Logo de WordPress.com

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Cambiar )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Cambiar )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Cambiar )

Connecting to %s

Seguir

Get every new post delivered to your Inbox.